OBSERVANDO A MOMO

Diferentes aspectos que hacen a la esencia del Carnaval son analizados con la agudeza característica de una de las plumas jóvenes que han surgido en la fiesta de Momo.

Autor: Joaquín Doldán
La crítica

Es como un ritual. Termina la actuación en el concurso oficial y las miradas se cruzan con la pregunta:¿Cómo estuvo? Y luego a pesar del cansancio muchos se juntan en el club a escuchar la opinión de los críticos.
Las broncas, las discrepancias, las subjetividades, todos se mezcla de un lado y de otro, y muchas veces la fiesta se resume a eso, o por lo menos “eso” adquiere tal relevancia que opaca la fiesta.
Existen quienes solo estiman las críticas favorables y desmerecen las que no lo son, incluso tildan a los críticos de artistas frustrados o de falta de especialización en alguna casa de estudios que supuestamente habilitaría a cualquiera para analizar un espectáculo. Por otro lado algunos críticos prefieren llamarse comentaristas como si fuera posible pararse en un lugar neutro a hablar sobre una obra.
La critica irrita por si misma, no por influir en el concurso (ya que seguramente no influye, no solo por emitirse luego de que el jurado puntea, sino porque se han evidenciado discrepancias con los resultados), además porque a nadie le gusta ser juzgado. Aún los artistas más importantes fueron criticados en su época, no siempre fueron reconocidos por la gente, muy pocas veces fueron premiados e incluso muchos fueron prohibidos. Pocos recuerdan esto en carnaval, quizás porque no todos los creadores e intérpretes trabajan en función de su obra sino en función a un código comercial o a una tendencia que se viene premiando en su categoría.
Aún así la crítica prestigia el hecho artístico, incluso la desfavorable. Le da trascendencia el hecho que exista prensa especializada y que se invierta en ello tanto tiempo y esfuerzo.
También es cierto que particularmente en carnaval y más allá del hecho artístico está el esfuerzo de meses de ensayo, y de producciones a pulmón, “desfinanciadas” y que aún mantienen una indispensable dosis de fresco amateurismo. Pero sería bueno, incluso desde el carnaval de las promesas, que se hiciera entender que cuando uno expone, se abre al juicio, primero del público, luego de los que vengan, y un artista debe respetar lo que hizo sentir con su obra. Y aquí aparece la primer pregunta que todo el que escucha un comentario de su actuación debería hacerse: ¿Por qué uno hace lo que hace?… ¿Para ganar un concurso?… ¿Por qué tiene algo que decir?… ¿Para que hablen de lo talentoso que somos?…
Deben existir pocos términos tan ambiguos como el de:”crítica constructiva”, suena tan sospechoso como “critica objetiva”. Si un espectáculo te conmueve, o te sensibiliza seguramente no puedas buscarle los defectos, si es que eso es en lo que invertís el tiempo durante el concurso.
El carnaval es tan complejo que para hacer una crítica técnica no bastaría con haber visto mucho sino saber música, puesta en escena, interpretación de textos…y eso… ¿Reflejaría el sentir del público?…
Nadie puede negar que la competencia es uno de los motores de la superación, pero la comparación hace que uno vea una obra con un detector de errores o haciendo constante referencia a otra totalmente diferente, de otros grupos o del mismo en años anteriores. Hacer concientes muchas de estas cosas (todas sumamente obvias), ayudaría a quitar dramatismo a muchas discusiones que se desvían del espíritu de unión que los carnavaleros necesitamos en estas épocas de crisis. Y quizás lo más importante es recordar que lo que trasciende es la obra, no el comentario que se hizo de ella.

Pop

El mundo de la música vive una discusión muy particular. Los DJ´s reclaman su titulo de artistas. Muchos dicen que más allá de la gente que mueven no son músicos, sino artesanos que usan piezas ya creadas con un cierta habilidad o talento. Muchas formas de expresión viven permanentes cuestionamientos, los graffitis por ejemplo.
Uno de los géneros que vive juzgado es el de la historieta. Muchos la aceptan como el noveno arte. Otros aprecian a los indiscutidos buenos dibujantes que dan vida a sus páginas, o a los admirables textos que en muchos casos son brillantes piezas literarias, pero se le cuestiona su estandarización, su masificación, su popularidad.
Escuchar estos temas siempre pone sobre el tapete a nuestro carnaval.
Así como la historieta sintetiza literatura, dibujo y pueblo, el carnaval une a la gente con la música, el teatro y la danza.
Si el arte es creación quizás sea cierto que no siempre se vean producciones originales ya que febrero está plagado de chistes repetidos, situaciones plagiadas, canciones con letra cambiada, coreografías imitadas o argumentos gastados. En muchos casos los espectáculos se resumen a un mensaje (a veces con cierto análisis alrededor), en otros solo se busca entretener, pasar el rato y por lo menos lograr que una vez al año” las capas más desfavorecidas de nuestro pueblo la pase bien”. También y con ese lema se ven momentos que buscan directamente la sensibilidad de un homenaje para obtener emoción, el panfleto para el aplauso o la grosería para la risa.
“A la gente le gusta pasarla bien, alejarse de los problemas”, se dice insinuando que no se puede hacer eso y reflexionar al mismo tiempo.
Muchos carnavaleros trabajan en pos de un efecto (en esta parte se busca risa, en esta parte se busca aplauso). La necesidad de una inmediata sintonización con el espectáculo es el argumento más “sólido” para no usar músicas inéditas (por suerte cada día se usa menos), permitiendo así una platea que al tener la música ya asimilada puede atender a lo que se dice en la letra. La ironía viene cuando al buscar la música de un espectáculo, a veces se hace con el criterio de:”las músicas que se escucharon este año”. Lo cuál implica ceder a lo que los medios nos impusieron sin importar su calidad y dejar de lado un criterio que tenga que ver con la historia que vamos a contar o lo que sea que estamos queriendo decir.
Lo más curioso es que los que dan estos argumentos lo hacen muchas veces por costumbre y no por vivirlo en la práctica o por tener un efecto favorable a la hora del concurso.
Año a año se ven nuevos ejemplos de grupos que se atreven a experimentar, ir contra las modas, dar vueltas de tuerca, usar músicas poco escuchadas o inéditas, contar historias nuevas, pensar con y para el público sin cometer el peor y más común de los pecados de un artista, subestimar al pueblo.

Estilos vs diversidad

El sistema ha intentado pinchar el valor de las palabras. En el entrevero se quiere hacer pasar a la globalización como integración o a la flexibilidad como algo contrario a la rigidez (sin explicar que significa pérdida de derechos). Sin darnos cuenta nosotros mismos terminamos hablando de feriados laborales y paros activos.
Muchas veces se oponen términos que en realidad no son opuestos.
En Carnaval se ven constantemente debates sobre la validez de un estilo o de otro.
A veces un conjunto encuentra una fórmula que coincide con el gusto de la gente. con el del jurado y hasta sucede que se pone de moda. Esto a veces va de la mano con una excelente calidad y a veces no.
En cuanto a los códigos de humor que se manejan, ocurre una cosa parecida. El humor visual, el político, el juego de palabras, el doble sentido, o la ensalada de todos, definen algunos espectáculos…¿Alguien podría sugerir cuál es el apropiado?…
Un espectáculo puede estar bien o mal hecho, se puede apostar además de a la risa a trasmitir otras cosas, se puede incluso explotar la popularidad del medio para hacer de catarsis de situaciones sociales, se puede describir belleza, se puede querer contar una historia con buen argumento o simplemente se pueden enlazar un montón de chistes, se puede ironizar una obra conocida, o popularizar una desconocida, se puede mostrar la otra cara de la vida de un personaje, o se puede resumir la historia y meterle unas bromas adentro, se pueden hacer muchas cosas…Todas son validas.
Nuestra sociedad está plagada de modelos y de estereotipos a seguir y/o imitar. El hombre heterosexual que tiene una familia tipo, la moderna rubia con su empresa, el loco bohemio que hace teatro callejero, la modelo hiperflaca, el cantante pintún, e infinidad de etc..
El mensaje constante de los medios es justamente globalizar. Que todos nos vistamos igual, compremos en el mismo lado, las mismas marcas de ropa de colores similares, escuchemos la misma música, veamos las mismas películas, nos gusten las mismas personas, comamos los mismos gustos… Todo lo que se salga del estilo no sirve, lo que le guste a unos pocos, no sea premiado por algún jurado o reconocido por algún medio no solo es cuestionable sino que es desechable.
Tener estilo no tiene por que ser opuesto a aceptar que hay muchos estilos. Aunque vaya contra el modelo, Carnaval puede incluso transgredir esa imposición demostrando en sus tablados que existen diferentes propuestas, diferentes estilos, diferentes opciones, y que eso está bien, mejor dicho que eso es imprescindible.

El juicio final.

Si partimos de la base que hay diferentes estilos, si nos ponemos de acuerdo que cada autor expresa lo que siente y quiere comunicar con un texto, si cada uno tiene un gusto diferente, si los estados de ánimo son exclusivos de cada mente…¿es posible comparar dos o más espectáculos?…
Un concurso en el que se comparan cosas incomparables tiene que tener claro por parte de sus participantes un simple detalle: el resultado es relativo, es un absurdo aceptado por quienes compiten, un supuesto a partir del cual se inventa un puntaje que mide lo que no tiene medida. Quienes ganan no son los mejores o los peores, son los que ese jurado, en esas actuaciones puntuales, sentados en primerísima fila y prestando atención en los rubros que el reglamento establece entienden que merecen tal o cual puntaje. Esto no invalida el concurso, simplemente lo explica.
En la elección de los jueces participan carnavaleros responsables de los conjuntos, nos son impuestos por nadie. El reglamento del concurso, la elección de rubros, también surge de los participantes.
Lamentablemente el carnaval se ha vuelto tan “exitista” que un segundo premio se considera un fracaso, solo un primer puesto aunque solo sea por un punto es entendido como merecedor de un festejo. No se puede negar la motivación que genera la competencia, pero muchas veces la pérdida de perspectiva hace que todo se vuelva un poco absurdo.
Ese resultado que surge de una arbitrariedad aceptada de antemano se dramatiza de forma que han generado incluso violencia.
Si uno lee un poema una tarde de lluvia o una luminosa mañana, tendría dos puntajes distintos para una misma obra. El jurado tiene que poner el puntaje al momento, son humanos, esa es la gracia… ¿O a alguno se le puede ocurrir que el puntaje lo ponga una máquina?… Muchas veces se buscan expertos en determinado rubro, olvidando adaptarlo al carnaval… ¿Se imaginan a Borges punteando textos?… De todas formas no se trata de quien juzgue, sino de: que está juzgando.
Como suele pasar en los niños se ven con más delicadeza las cosas que viven los adultos, por eso en el Carnaval de las Promesas se cae en el error que se transforma en tremendo de cuestionar un fallo. La principal lección debería ser que un fallo, por ser relativo es incuestionable. Dentro de las cosas que hay que aprender en el Carnaval de las Promesas es la humildad de perder y ganar cuando te toca. Y no solo depende de lo brillante que seas vos sino de la “comparación” con los demás.
“Yo les digo que son los mejores”, escuché decir a un adulto… O sea si fueran los menos espantosos sería suficiente… ¿Es para eso que alguien estimula un niño subirse a un tablado?…
También, lamentablemente, esto es cotidiano en el Carnaval de febrero, grupos que reclaman en base a lo que otros hicieron mal.
Se da un fenómeno bastante particular a nivel de las personas que hacen años ven espectáculos de Carnaval, se tiene tan incorporado la comparación, que en lugar de disfrutar un espectáculo enseguida se lo magnifica o minimiza con respecto a otro, y se entra en un excesivo análisis crítico que desvirtúa la fiesta.
Si un grupo quiere y cuida su espectáculo, si tiene claro el motivo que los puso ahí arriba… Quizás sufra un extraño accidente y “gane”…

Dos carnavales

Es cierto que esta fiesta es tan larga que podría subdividirse en varias. Pero la frase “dos carnavales” se ha usado como referencia a que los conjuntos hacen un espectáculo determinado en la calle y otro en el concurso.
Cuando algunos decían: “el carnaval está en crisis”, enseguida se buscaba la causa.
Una de las lecciones más difíciles de aprender es que todas las enfermedades, así como las crisis, son multicausales.
Ya hablamos de la falta de apoyo gubernamental. La situación económica es evidentemente negativa. Y hay muchísimos etcéteras que tienen que ver con el dinero. Pero también hay una cuota que se ha venido gestando por lo artístico.
Uno de los primeros síntomas se daba con la diferencia en los resultados del concurso entre los grupos que “la calle” (separado y con minúscula) consideraba ganadores en cada categoría, y los resultados de la noche de los fallos.
No poder adaptar una obra a cada tablado, habla de todo un concepto de ese espectáculo.
¿Es pertinente que un grupo de carnaval solo luzca en el Teatro de Verano Ramón Collazo?…
Si fuera cierto que el concurso es estimulante, más cierto es que los tablados son esenciales.
Es un hermoso recuerdo de la niñez. Regresar de la playa y antes de ducharse correr un par de cuadras hasta uno de los teatros del barrio, a leer el pizarrón. El esquema de la programación era inolvidablemente atractivo. Un “fuera de concurso”; una murga(siempre un nombre diferente); otro conjunto de cualquier categoría (recuerden que éramos un público que en su mayoría no conocía el “Ramón Collazo” y para poder comparar había que verlos a todos) ; y de postre el grupo que había que esperar quien sabe cuanto rato porque salían con doce tablas; el “taquillero”; el que tenía las figuras…También es cierto que estos conjuntos, a veces, cantaban dos temas, bailaban uno, hacían tres chistes y se iban casi sin cambiarse de ropa.
Las programaciones se repetían solo la última semana, cuando venían los que alguien había elegido como “mejores”… (O no, a veces venían los que a nosotros nos gustaban más)…
Ni me acuerdo cuanto salía la entrada porque jamás pagué… Vaya a saber que monstruos me hicieron entrar con ellos por atrás. Además recuerdo que mi familia iba todas las noches, cuando mi padre llegaba de trabajar en la construcción.
Podrían pensar que esto es el recuerdo de un veterano, pero estoy hablando de quince, a lo sumo veinte años atrás.
Para toda esa gente que desbordaba los tablados el carnaval era eso, no el concurso.
Es incomprensible que para muchos carnavaleros, pintarse la cara solo es gratificante si se corona con un primer puesto (vale aclarar que se han llorado segundos lugares)…
Además de la sobre valoración del concurso, casi no hay tablados…Cinco o seis en toda la capital…Cinco o seis, durante el carnaval más largo del mundo.
No es necesario ser matemático como para obtener números ridículos si repartimos estos tablados entre los conjuntos, los números de actuaciones, el costo de las mismas, el precio de las entradas, o el sueldo de la gente que va o quisiera ir, a vivir una noche de la más popular fiesta…
En épocas de crisis se dan las más extrañas ironías. En las pocas posibilidades de actuar en público muchos conjuntos prueban sus espectáculos “obsequiando”(en el mejor sentido de la palabra) actuaciones completas.
Para muchos de nosotros, el Carnaval es un trabajo, y nuestro sueldo (si se aproxima a lo digno), o sale de las empresas que apuestan a Momo, o sale del bolsillo de la gente. Sentarnos a hablar de estos puntos es apostar al futuro de nuestro laburo…
¿Es posible fusionar los dos carnavales?… Quizás lo más urgente sería evitar que muriera uno de ellos, casualmente el que más importa, el de los barrios.
Y luego habría que usar la imaginación…llevar el concurso a los barrios con jurados móviles cuyos puntajes definan el concurso, reducir la importancia de los vestuarios lujosos, fomentar que los conjuntos tengan una función social que trascienda la empresarial, etc.
Supuestamente los grandes espectáculos populares no deben excluir al pueblo.

Fiasco vs. artista popular

Y hablando de términos odiosos y contradictorios, hay uno especialmente inadecuado: “estrella de carnaval”.
A veces en el afán de prestigiar un movimiento artístico se pierden referentes que son la esencia de los mismos. Salir en carnaval es una experiencia maravillosa. Y es único en el mundo ver camiones trasladando espectáculos de un barrio a otro.
Un conocido director de murgas decía: “de un día para otro, tipos normales se ven disfrazados, pintados… No parecemos nosotros”. Luego vienen los aplausos, las felicitaciones, alguna mirada femenina o masculina (¿?). Incluso el público es tan generoso que pide fotos y autógrafos. ¿Cómo evitar que se te suba la brillantina al cerebro?…
Justamente, recordando quienes somos…
“Estrella” es una luz inalcanzable. Nada menos popular que lo que no se puede alcanzar. Quienes han hecho esos paseos en camión de tablado en tablado saben lo importante que es la luna, el marco que le da a cualquier conjunto mientras actúa. Quizás porque representa una de las cosas más importantes que diferencian al Carnaval de otros espectáculos: estar a la intemperie. Además la luna no tiene brillo propio, su luz es un reflejo del sol. Un artista (no solo los de carnaval) no es nada sin la gente. Su brillo también es un reflejo.
En la época en que a las murgas se le entendía tan poco que para saber lo que estaban diciendo había que comprar un libreto, bastaba querer, para salir en una de ellas. Por supuesto a ningún uruguayo se le ocurriría glorificar a un vecino, así que, los carnavaleros podrían lograr, a lo sumo cierto “atractivo bohemio”. En la actualidad, el ingreso a un grupo está marcado por un talento capaz de atravesar un casting, por una pinta indiscutida, o por tener un sponsor (pero esa es otra historia). Que un intérprete sea seleccionado, en cualquier grupo con cierta historia y/o prestigio, puede ser el inicio del conocido “mareo del artista de un mes”… uno se cree un elegido.
A muchos extranjeros les es difícil comprender como determinados talentos de la noche,
en el día trabajan en los empleos más diversos.
Carnaval ha alimentado al resto de las expresiones artísticas de nuestro país, y cada día más se dejan perjuicios de lado y otros artistas vienen a Momo. Sin contar esos casos, cientos de carnavaleros van a sus trabajos con restos de brillantina adornándole las ojeras.

Desde que se corrió la bola del dinero generado en carnaval se cree que el sacrificio tiene una recompensa económica. Quizás en algún momento la tuvo. Y puede ser que todo ande tan mal que cualquier “extra” sea bienvenido. Pero hoy con muy pocos tablados es de unos pocos el privilegio de considerar febrero como una zafra digna. Entonces, sacando la posibilidad de hacer fortuna, solo queda la fama, breve… Pero fama al fin.
Ahora: ¿Es por un poco de reconocimiento que uno se sube a un tablado?…
¿Cómo puede esa postura servirle a la gente, ya sea como expresión o como entretenimiento?…
Todos quienes toman una actitud destacada en un lugar llaman la atención: el actor en el teatro, el profesor en la clase, el guarda en el ómnibus…Pero su postura se desvirtúa si se aleja de la esencia de la función que está cumpliendo.
Ya es bastante malo que los mandatarios se olviden que son los que nosotros mandamos para administrar el país, como para tener que soportar a un compañero de pelo largo que baila más o menos bien se crea Mel Gibson.
Una vez dentro de un grupo cualquiera es raro no ver integrantes que pelean hasta su última línea, un chiste aunque sea malo, bailar adelante, un protagónico, un tema en la despedida, y hasta el color de un disfraz. Hay que tener muy claro lo que se busca como para hacer el papel que mejor le sirva al grupo ese año, dejando de lado la búsqueda del destaque personal.
Cada vez que un integrante ha hecho alguna maravilla es porque hubo técnicos, compañeros y utileros que lo hicieron posible.
“Las grandes figuras del carnaval” en general no saben que lo son. Y si les avisan, no se comportan como tales. Es contradictorio ser un grande del carnaval sin tener la principal virtud del mismo, la humildad.

Perfil del autor

Joaquín Doldán nació el 25 de agosto de 1969, en la ciudad de Montevideo. Escritor, odontólogo, catedrático en la Facultad de Odontología de Sevilla, España y presidente de la ONG Asociación para la equidad de la salud.. Mientras estuvo en el Uruguay fue un asiduo cultivador del Carnaval prestando su talento en las letras para conjuntos como Los Carlitos, Rebelión y La Obligada, en alguno de los cuales supo disfrutar las mieles del triunfo. También integró el equipo periodístico de Carnaval del Futuro, hasta su partida a la Madre Patria, en donde se encuentra radicado desde principios de este siglo. En su página web pueden leerse varios de sus cuentos, poemas, ensayos y guiones teatrales. Les recomendamos visitar:http://joaquindoldan.blogcindario.com/.

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