Diario de un Fuera de Concurso (5)

Estaba soñando. Me había dormido acodado en el puesto de chorizos. Un periodista me sacudía el brazo. “Creo que te toca”, gritaba. La murga horrible seguía desafinando. “Es increíble que un tipo como vos tenga que dar prueba”. “Peor sería que diera prueba Araca la Cana”, contesté… “Una vez dio y no pasó”, me dijo. “Estamos todos locos”, dije haciendo fondo blanco en mi cerveza.
La murga terminó y el público aplaudió de pie. No entiendo que está pasando. Supongo que es el calor.
Pensé una buena posibilidad. Por lo visto lo que más llama la atención es hacerse el facha resentido. Era una buena estrategia. Ir contra el gobierno da mucho morbo, y si el público de carnaval es, (en general), progresista, quizás si me hacía el rebelde podía hacerme viral. Es un término de moda. Viral. En mi época era una diarrea sin diagnóstico. Ibas al médico y te decía “eso es viral”. Ahora si me pongo a hacer chistes sobre Bonomi y hablar de corrupción dentro de la IMM y logro que alguien me filme, luego lo paso por “wasap” y listo. Una diarrea viral como la del tipo ese que mezclaba la inseguridad, la venganza y los impuestos y luego hasta lo entrevistaron en la tele como si tuviera cerebro y apenas sabía hablar. Pero hacía algo que funciona. Insultaba. A la gente le encanta cuando uno insulta. Ahora que lo pienso puedo insultar a ese del jurado que vino ayer a mi casa a pedirme una coima para hacerme pasar. Lo insulto y lo denuncio al mismo tiempo. Debo calmarme. Respirar profundo. Tampoco se trata de salir así a lo loco. Además si no paso mis caminos futuros son claros, o seré jurado, o puedo ser crítico de carnaval. Eso me gustaría. Sería un gran crítico. De los duros. Y nadie podría decirme que nunca me subí a un tablado. Daría palo y palo, de puro resentido. O me haría el difícil. Total hoy está todo en Google. Busco frases de filósofos y digo: “Ya lo dijo Friedrich Wilhelm Nietzsche: Tenemos arte para no morir de la verdad”. Y cosas así. Por suerte tengo un plan B. Si no paso voy a aceptar el puesto ese de confianza del diputado que conozco del barrio. Pero… si acepto no puedo darle para atrás al gobierno. Y si no le doy para atrás al gobierno y no triunfo en la prueba, seguro no paso. ¿Qué me importa más? ¿Hacer carnaval o acomodarme en el gobierno?… La pucha. Que dilema.

Joaquín DHoldan

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