UNA COMPOSICIÓN HACIA LA REALIDAD

Las altas temperaturas de aquella noche de verano me hacían estar molesto, desmotivado, aplastando, cansado; por eso fue que a cierta hora había tomado la decisión de volver a casa en unos pocos minutos. Pero alguien se impuso ante mí, y con cierta capacidad de poder, no me permitió retirarme hasta que él decidiera irse.

Autor: Luciano Bermúdez
Lo conocí casi increíblemente en aproximadamente unos treinta minutos, pero digo conocer abarcando todos los aspectos que se pueden conocer de una persona. Me refiero a conocer no solo en lo superficial y externo de un ser, o sea, su apariencia, sino también a su interior, su pensar, su sentir y querer. Su transparencia para con el resto era tan extrema que lo hacía ser algo anormal, poco común, mejor dicho fuera de lo común y cotidiano… Aquella actitud de hombre despreocupado por lo que los demás puedan decir o pensar acerca de él lo hacía ser un hombre muy peculiar. Pero su peculiaridad no radicaba solo en eso, no. Su amplia sonrisa que parecía pegada en su rostro emanaba de aquel ser algo muy extraño, difícil de expresar pero definitivamente raro. Y raro no significa bueno ni malo, sino desconocido. ¡Si!… Eso mismo, aquella mirada me producía una sensación desconocida. Sus ojos remarcados, sus pómulos resaltados, su boca ágil, veloz y dinámica, destacaban cada una de sus expresiones y permitían que cada uno de sus gestos y movimientos se observaran claramente a una distancia relativamente extensa. Un sombrero ciertamente ridículo e inclinado a su lado izquierdo cubría parte de su cabellera desprolija y salpicadamente brillosa.
Dejando de lado su rostro, en dirección a su torso y extremidades se podía visualizar una imagen también muy particular, no por su forma que era bien natural, sino por su postura y más precisamente por su manera de movilizarse. Un hombro más levantado que el otro, donde parecía apoyar su oreja y mejilla derecha, y una pierna semiflexionada que lo hacía renguear y tener una postura no del todo erguida, eran las características que notoriamente se impusieron a mi vista. Lucía un atuendo con varias telas colgando, dos o tres matices de color azul. En cuanto a su edad, supongo que tendría alrededor de unos cuarenta y pico, pero no mucho más, pese a que su figura física parecía algo cansada por los años.
Nada en su apariencia parecía acomplejarlo, sino todo lo contrario; transmitía la pura sensación de que todo aquello le daba vida e ímpetu para sus realizaciones tales como: dar un paso, girar su cabeza a un lado, mirar el suelo, un lado, el otro, hacia un punto perdido en el horizonte y dar algún salto o giro que otro. Adquiría posiciones diversas además de balancearse hacia delante y atrás, y en algunos instantes le daba libre albedrío a sus estímulos y soltaba un veloz movimiento de una de sus manos hacia el frente, junto con la cual anexaba una mueca especial. Cualquier observador casual lo hubiera considerado un loco por el asombro que provocaba en tan pocos minutos. Pero yo no quise ser tan precoz en mi juicio.
Yo estaba situado a unos metros de él, al principio lo miraba con la interna intención de criticarlo, lo observaba de lejos, buscaba mirarlo a los ojos y que me mirara. Intentaba descubrir qué era, y que había detrás de ese ser… lo miraba moverse, lo observaba a un punto extremo e indagaba todo lo que mis sentidos me permitían. En los primeros minutos que transcurrieron inmediatamente al análisis visual y detallista que hice de su imagen cuando éste apareció, confieso que lo desafiaba a que se ganara mi atención, a que conquistara el interés de mis cinco sentidos por seguir sobre él. Aunque en realidad ahora que lo pienso en frío y unos meses más tarde, creo que nunca se enteró de que lo estaba desafiando, y seguramente era en mi imaginación o en mi conciencia que se producía tal desafío. Pero, lo cierto es que con o sin intención de hacerlo, ganó el desafío y mi cuerpo se convirtió casi por arte de magia en una especie de filmadora que registró su accionar. Esto comenzó a lograrlo cuando pronunció sus primeras palabras semi cantadas con una voz tímida, apresurada y aguda, que me provocó una risa liberada. Cierto es que no escuché específicamente tales palabras y ni siquiera las pude procesar, pero sin lugar a dudas, ese fue el momento en que me dije: ¡acá me quedo!

Ese fue el efímero instante en que me convencí de que había mucho más por ver y escuchar.
Traía una preocupación consigo, y la soltaba, la gritaba, la cantaba a los cuatro vientos… Se quejaba, caminaba, hablaba, daba una media vuelta y seguía caminando, hasta que nuevamente se paraba y volvía a retomar el “auto dialogo”. Me tomé el atrevimiento de definir aquello como un auto diálogo debido a que así como conversaba y opinaba sobre su preocupación él mismo se respondía y consolaba.
Se trataba específicamente de un asunto que se estaba haciendo regular en su vida cotidiana, cada vez que frecuentaba el supermercado de su barrio, algo que le venía sucediendo desde hacía como un mes. Por su manera de expresarlo aquel asunto no era nada simple, aunque así me pareciera a mí. Narró con lujo de detalles lo sucedido: cómo ingresó al supermercado, a quién le entrego los envases que llevaba, mencionó una a una las góndolas por las que pasó, y fundamentó los motivos por los que escogió cada producto, también el momento en que le pagó a aquella cajera rubia y de pelo lacio que tanto admiraba, hasta que finalmente llego a explicar el conflicto que tenía cada vez que salía del súper y se topaba con dos niños pidiendo limosna. Su manera de reconstruir los hechos hizo que personalmente me preocupara por su situación, pese a que en un principio me parecía que se trataba de una pavada, algo demasiado común y corriente.
Avanzó con ese mismo tema, y después citó otras preocupaciones y anécdotas vinculadas al primer asunto, con las que también me atrevería a decir que me sentí identificado.
Pero su canto no era solo un reclamo, traía aparejado una bolsa de propuestas y soluciones a los asuntos que le afligían… y a esa altura que “nos” afligía, pues ya me había compenetrado en tales asuntos. Sí, puedo opinar que aquellas ideas resolutivas quizás eran algo utópicas, breves ilusiones, proyectos inconclusos, ideas abandonadas, pero muchas veces traían juicios valorativos muy justos, muy verdaderos, muy fuertes y llamaban a los responsables a hacerse cargo. Con esto, ese ser que veía por primera vez en esa noche, llegó a transmitirme sentimientos tan profundos como la esperanza de alcanzar soluciones.
Primero captó mi atención, luego se explayó sobre sus cuestiones de preocupación tomando recursos como el humor, también demostró otra óptica de ver, tratar y analizar esas problemáticas, me hizo pensar, me conmovió y cuando todo eso se fue cumpliendo se fue, dejó de existir.
Aquel perfil, aquella voz, aquella creíble composición visual se esfumó ligeramente y se perdió físicamente cuando las luces que iluminaban el escenario encandilaron su cara e inmediatamente le sucedió un apagón. Una canción en alusión a aquel ser y a su preocupación fueron el fin de su existencia real. Una ovación de aplausos lo despidió y me hicieron volver en mí, recomponer mi posición en el asiento y recordar el contexto en el que estaba situado.
Ese ser que con la vibración de sus palabras logró emocionarme, había sido construido pura y exclusivamente para ese febrero, para ese espectáculo murguero, para ese cuplé, para esos minutos y yo me lo había creído, me había incorporado en su historia, en su vida. Pero, desapareció, murió, quedó su recuerdo, su mensaje, sus palabras retumbaron en mi conciencia junto con su canto por cierto lapso de tiempo. Y puedo asegurar que en mi dejó implantada la ingenua idea de que existió verdaderamente.
Forjó esperanzas, jugó con todos mis sentidos, burló a la risa y a las lágrimas, y no volvió…
Un cupletero, algo así como un ser dentro de otro ser algo diferente, entre los cuales se fusionaron elementos diversos, gestos, movimientos, pensamientos, sentimientos, opiniones, palabras y actitudes. Dos vidas en una. Un ser real se escondió detrás de aquel ser ficticio, para darle vitalidad a este último, así como el sol y la luna se unen para crear el eclipse, así como el agua se confunde con el cielo en la línea del horizonte.
Un personaje no solo se creó, sino que además existió por unos minutos con la certeza y seguridad de que realmente vivía. Tomó coraje y expresó todo lo que escondía en su interior. Ese personaje nació de una idea que se fue puliendo y luego alguien lo tomo para auto convencerse de que todo aquello era parte de él y así le dio vida. Una persona se atrevió a incorporar a aquel como un disfraz de epidermis y a hacerlo propio. Hizo que todo eso que nació fuera parte de su vida, de su pensar y de su actuar, para luego convencerme a mi de que aquello que duró unos minutos era un ser real. Dos planos se conjugaron en uno solo, el de una artista como ser real y el de un personaje idealizado, se plasmaron en el plano escénico creando una realidad única, creíble, impactante y disfrutable, que me chocó de frente con la realidad…
Y así, confundiendo sentimientos, de la mano de la reflexión, ahogado entre ideas y pensamientos difusos, pero alegre… Muy alegre… Me fui a casa, esperando otro febrero para encontrarme, conocer y creer en otro PERSONAJE que logre conquistar mi ser interior, como lo hizo el de esa noche.

Perfil de un creativo

Luciano Bermúdez nació en Montevideo, el 13 de Mayo de 1987. En el 2004 y 2005 participó en el conjunto de parodistas “Bogus” (Carnaval de las Promesas), como componente y participando en la elaboración del libreto y la puesta en escena. En el 2005 obtuvo el tercer premio en el Primer Certamen Nacional Juvenil de Ideas Innovadoras: “Tus ideas valen”, otorgado por la Organización Uruguay de las Ideas y apoyado por CES, CETP, INJU y el Ministerio de Educación y Cultura por la presentación de tres proyectos. En Enero de 2006 se integra al equipo de Carnaval del Futuro, como comentarista del Carnaval de las Promesas, en CX 30 Radio Nacional y ahora en 1410 AM Libre, cumpliendo similar función para el programa “Promesas de Carnaval”, en CX 36 Centenario. También colabora en la redacción de notas periodísticas para Ultimas Noticias. En junio de 2006, fue elegido por la Embajada de Estados Unidos en el Uruguay para participar en “World Scholar Athlete Artist Games 2006 (Juegos Juveniles Internacionales de Atletismo y Artes) realizado en The University of Rhode Island, Estados Unidos, representando a Uruguay en los programas: Teatro y Literatura (Nota: Uruguay tuvo solamente dos representantes, el restante en matemáticas). Es estudiante de Derecho y cumple funciones laborales en la Biblioteca Artigas Washington, de la Alianza.

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